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martes, junio 01, 2010

Hablar bien (mal) de México.

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"Francisco Portillo"
alancartoons@yahoo.com

2010-06-01

Hay que hablar bien de México, insiste cada vez que puede el presidente Felipe Calderón. Tal vez por ello su gobierno aumentó en 40% el gasto en comunicación social y publicidad para 2010. En los cuatro años de este sexenio destinó 16 mil millones de pesos a ese rubro, monto que supera ya los 14 mil que utilizó Vicente Fox en todo su mandato.
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El gobierno calderonista podría argumentar que esos pagos eran más necesarios ahora porque, a pesar de la crisis económica enfrentada por el país, alguien debe encargarse de las cosas buenas que sí nos pasan y que los medios no son capaces de ver.

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En agosto de 2009 el presidente Calderón dijo: "Parece que la parte más difícil es hablar bien de México. Hablar mal del país para muchos no sólo es un esfuerzo cotidiano, hasta de eso viven, diría yo. Hablar bien de México, de las ventajas que México tiene, es un esfuerzo que debe reconocerse". Después, apenas iniciado el 2010 el Presidente instruyó a los embajadores mexicanos: "Se debe, estando fuera del país sobre todo, hablar bien de México. Y si se es un servidor público, más". Tres meses después, en marzo, el mandatario insistió: "México es satanizado y recriminado por su problemática por los propios mexicanos, pero Brasil, teniendo el doble (de homicidios per cápita), se lleva la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Jamás he escuchado a un brasileño hablar mal de Brasil".
Resulta curioso que el jefe del Ejecutivo pida tal esfuerzo de optimismo cuando fueron precisamente los spots de su gobierno los que insistieron en exhibir las detenciones de narcotraficantes y la amenaza que su droga representaba para los hijos de todos en este país. Toneladas de dinero dedicadas a narrar la épica de los buenos policías contra los miserables criminales.

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También ha sido el propio mandatario quien en cada gira internacional, y nacional, no pierde oportunidad para hablar de la guerra contra los mafiosos. ¿Qué se puede esperar entonces de la opinión pública local y extranjera cuando ha sido la autoridad la primera en presentar al país como polvorín. La mala estrategia de comunicación no descarga de responsabilidad a quienes deben contextualizar la información, pero frente a las contradicciones publicitarias del gobierno, éste no puede hacerse la víctima de un complot.

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Tomemos a Brasil como ejemplo: Lula da Silva, dirigente de ese país, no va a las giras mundiales para hablar de la tremenda violencia en las favelas, sino para mostrar el desarrollo económico sui géneris de su nación. Acaso México debería verse en ese espejo, sobre todo si este año va a gastar 5 mil millones de nuestro dinero en más publicidad.

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Congruencia entre las preocupaciones y los actos es lo que aún nos deben en esta administración.

Ajummmmmm, ajuuuuuuuuu, Nota de Redacción:
¿y las violaciones a los derechos humanos de los periodistas?